
Pero todo a su tiempo. Ahora, toca celebrar que Jesús ha nacido. No tengamos prisa por matarlo. Porque al igual que la semana en la que nos emocionamos cada primavera es indescriptible, la espera también lo es, porque también viene cargada de actos. Y desde aquí le pedimos al Niño Dios que nos de salud para poder contarlos todos (todos los posibles, porque uno no es omnipresente y tiene obligaciones como todo buen cristiano). Así que sin más...
Feliz Navidad